domingo, 18 de enero de 2009
antigua soledad de bares
Descarga de Paulo a las 12:25 p.m. 0 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: Invitaciones, nit
miércoles, 31 de diciembre de 2008
In memoriam
vienen a vernos
y se adentran al ser,
y dan voces,
pero sólo un espejo que les finge,
un reloj,
y un nombre, sin sentido, les contestan.
Enriqueta Ochoa
Doña Conchita y Don Raúl fueron abuelos de un gran amigo de viaje llamado Aarone, así con la e al final. Vivían en una ciudad que colinda con Torreón llamado San Pedro Coahuila, ciudad que hoy día está siendo destruida por el narco y la expulsión de sus habitantes a los Estados Unidos, pero por ahí a principios de los noventa era una especie de paraíso para los pachecos y atascados. Se vendían buenas drogas y no había ley seca, así que por lo menos dos veces al mes nos dabamos la vuelta y precisamente nos hospedaba el carnal Aarone que por esos días vivía con sus abuelos en una de esas casonas grandes de patios largos y macetones a los lados y cuartos amplios bien iluminados, casi casi era nuestra casa de huéspedes, porque la casa era grande y sí no queríamos no había necesidad de toparnos con los señores, siempre y cuando no anduviéramos merodeando por ahí.
Ellos ya nos conocían y sabían a lo que íbamos. Al principio, claro, pusieron el grito en el cielo cuando vieron entrar por su portón a un grupo de sucios borrachos que les gustaba ponerse hasta la madre en uno de sus patios, pero después de un tiempo hasta consejos nos daban para evitar la cruda, como por ejemplo no fumar mientras bebíamos o tomar leche antes de dormirnos para que no se nos jodiera mucho el estómago.
Como nosotros estábamos acostumbrados a no recibir buenos tratos ni en nuestras casas, dado que la mayoría de la banda con la que rolé por esos años ni siquiera tenían casa, el simple hecho de que alguien nos quisiera dar un consejo o un regaño nos hacía sentir queridos. Que hubiera una cama dónde dormir nos hacía sentir especiales. Y que una señora como doña Concepción, muy parecida físicamente a Chavela Vargas, y a quien llamabamos Macorina nos levantara por las mañanas al ritmo de Vive (la canción de Napoleón que dice: "abre tus brazos fuertes a la vida..."), y que además adrede sabiendo que no llevabamos ni una hora de sueño nos levantaba para que le ayudáramos en las tareas del hogar, que nosotros hacíamos sin chistar porque era la jefa y sabíamos además que al final de la jornada venía un desayuno digno de reyes; la mejor comida que he comido en mi vida la hacía doña Concepción.
Con Don Rául la cosa era igual de magnífica. Nos trataba de pendejo, o sea, así nos hablaba: oye pendejo!, decía y todos volteábamos. Una noche se puso a platicar con nosotros de Carlos Castaneda, como él fue maestro rural y además vivió en Sonora nos platicaba que conoció a Castaneda y que también a Don Juan Matus, el célebre personaje de los libros de Don Carlos; era un viejo muy cabrón y a todo el mundo le daba miedo, decía de Juan Matus, y todos ahí como niños escuchando los cuentos del abuelo. Tenía también frases célebres; una de ellas la decía después de regresar de misa: ¡tengo ganas de mujer ajena!, le decía a su señora lo suficientemente fuerte pa' que se oyera en toda la casa, ella nomás movía la cabeza y decía para sí misma: pos con que, viejo cabrón.
Todo esto lo platico porque entre el año 2007 y este murieron los dos, o sea con un año de diferencia. Don Raúl apenas hace dos semanas nos dejó, la casa se la quedó un hijo que luego la vendió. La última vez que fui a San Pedro supe que en la casa se habia construido un súper, casi nos quitaron todo recuerdo al demoler nuestra casa, porque a pesar de que éramos huéspedes no siempre tan distinguidos, por mucho tiempo ese fue el lugar al que por unos años pudimos llamarle hogar. Esto sólo es un recuerdo para ellos, que en paz descansen.
Descarga de Paulo a las 12:44 p.m. 2 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: Crónica de los días inútiles
miércoles, 3 de diciembre de 2008
L. A. Woman
L.A. WOMAN / THE DOORS
for beauty and see sadness
what is this frail sickness?
Arrastra los pies, ha viajado ya al desierto y tiene arena en las botas, trae entre sus brazos un pequeño lagarto, viejo como el mundo pero de ojos indiferentes ante lo que ve. Entra al estudio de grabación dejando restos de arena en la duela, se sienta en la taza del baño y suelta al lagarto que parecía petrificado entre sus brazos y que cobra vida en cuanto lo suelta. Mira su desaliñada barba y sus ropas: pareciera que estuvo cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, está hecha girones.
Mira el micrófono y sonríe, pareciera que está a punto de decir algo gracioso a sus compañeros de grupo que sólo lo ven de reojo, pero calla, acomoda la ropa y se quita las botas. Pide a Bruce Botnick que le acomode el micro en el baño para crear una especie de eco, que es una repetición de su voz dañada. Quiere irse de ahí pero hoy es el último día de grabaciones. Trae la letra de una canción nueva, saca de una bolsa de su pantalón un papel arrugado y lleno de arena que contiene Riders on the Storm.
El lagarto se pasea nervioso entre los cables de los instrumentos, todos miran con asco al animal que se posa sobre una bocina y levanta la vista hacia donde está el cantante, como esperando una señal; pareciera que todo él es de arena y está a punto de desmoronarse y salir volando con la brisa que entra a donde él está, pareciera que todos saben esto y contiene la respiración. Ya sólo falta su voz para terminar este disco que a todos ha resultado liberador, un disco de blues, piensa él, lo cual lo hace sentir bien, un disco donde se despide de Los Angeles y de Estados Unidos, nación hipócrita que ya no tolera.
Siente el cansancio de los años en su cuerpo y en su voz a pesar de que no ha cumplido ni 27. Se abre el micrófono y a una señal de su ingeniero va soltando las frases como una revelación:
Riders on the storm
Into this house we're born
Into this world we're thrown
Like a dog without a bone
An actor out alone
Riders on the storm
Descarga de Paulo a las 10:42 a.m. 1 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: Discos, Jim Morrison, Música para viajar, The Doors
martes, 11 de noviembre de 2008
Escupiéndole al espejo
gracias a los amigos.
E.M. CIORAN
El calor es sofocante, sólo se me ocurre entrar en El Otro Paraíso y pedir una cerveza, la mesa donde me siento está pegada a una pared, estoy solo en el bar, es raro porque hoy es fin de semana y comúnmente muchos parroquianos vienen a lo mismo que estoy viniendo hoy, a encontrar la parte perdida de la vida dentro de estas botellas ámbar.
El mesero me sirve y me dice algo que no entiendo, no pongo mucha atención a lo que dice, se me queda viendo con extrañeza y se va, sólo miro mi botella, de la pared salen cucarachas moviendo sus antenas, parece que me miran e intercambian opiniones sobre mi persona. Nos vemos un rato hasta que se aburren de mí y vuelven a entrar en su agujero, yo también estoy aburrido y me pongo a ver los pósters de mujeres desnudas que hay en el bar, hay una particularmente que está acostada en una cama, trae ropa interior blanca como las sábanas que la medio cubren, tiene sus manos en la barbilla y mira al frente, estoy frente a ella, levanto mi botella y brindo, recuerdo que esa imagen le gustaba particularmente a un amigo que ya borracho se le quedaba viendo por horas. Llévatela a tu casa, le decía, neel, aquí nos podemos ver sin pedo, y soltábamos la carcajada salpicando El Otro Paraíso, el paraíso que por unas horas era nuestro, nuestro refugio de afuera donde siempre estaba lloviendo aunque hubiera cuarenta grados e hiciera un sol inclemente, para nosotros siempre estaba lloviendo afuera.
Todo eso me viene a la mente en este momento, estas noches como la de hoy cuando estoy aquí sentado, me doy cuenta que la noche es más oscura, da miedo salir a esa boca que de tan negra pareciera que ya no la conozco, ¿nos acabamos tan pronto nuestro centímetro de suerte? Ahora sólo queda venir a escuchar la voz de un mesero gangoso que me dice cosas que no me interesan mientras cuento las monedas para pagar este rato donde los fantasmas se me quedan atorados entre los párpados y la garganta, no encuentro la respuesta en el cementerio de botellas.
Antes de salir voy al baño y me miro al espejo, no me reconozco, el espejo está quebrado y en un ángulo del mismo puedo verme muchas veces como viendo desde el ojo de una mosca, escupo al puto espejo, salgo sin mirar a la chava del póster ni al mesero, voy a un teléfono público y marco un número. Ocupado, ocupado, todo el mundo está ocupado.
Descarga de Paulo a las 11:23 p.m. 1 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: Crónica de los días inútiles, En este rock nos tocó vivir
sábado, 1 de noviembre de 2008
La vida en La Barranca
Este libro no es una biografía de La Barranca, tampoco un bulto de entrevistas ordenadas de manera cronológica; es un acercamiento, apasionado por cierto, a la experiencia sensorial que significa La Barranca. Por supuesto que alberga todas las menudencias biográficas, desde el ambiente en que se desarrolló la infancia de Aguilera hasta su primer contacto con la guitarra. También aborda nombres, renombrados casi todos, como Las Insólitas Imágenes de Aurora, Mistus, La Suciedad de Las Sirvientas Puercas, Pachecos Blues Band, Frac, Sangre Asteka y Dr. Fanatik. Pero en estas páginas hay más que eso; hay canciones, discos, fiestas, conciertos, ensayos, encuentros y desencuentros. Revelaciones. Desde el nacimiento del proyecto, un viernes santo en Guadalajara, hasta la enésima -y alucinante- encarnación de la banda en un foro del DF, con El fluir como pretexto.
Descarga de Paulo a las 3:44 p.m. 0 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: David Cortés, La Barranca, Libros
viernes, 24 de octubre de 2008
Una tocada más (parte II)
Como les decía, el local es como para tres mil personas y la raza dobla la capacidad del local. Al enterarse los organizadores le dan espacio a los abridores del concierto más rapido de lo que planeaban; un grupo mezcla de Poison y la banda timbiriche trata de tocar su rock con tufo a Bon Jovi de petatuix; la banda los abuchea y pide al Tri a gritos, el grupillo no toca ni tres cuando se bajan todos agüitados.
Falta como media hora pa que el Tri aparezca en el escenario y la raza se empieza a divertir como puede. Un cabrón que ya viene viajando desde afuera se quita la camiseta que trae y muestra un cuerpo con la virgen de Guadalupe en la espalda; la camiseta la quema con un encendedor y la avienta a la raza desde el segundo piso, el cometa repentino se abre paso entre la gente que le contesta al loco este ¡aventándole las suyas! igual, envueltas en llamas. Para esto, de quién sabe dónde, la raza empieza a encender cigarros de mota que nomás se ven como luciérnagas en medio de la noche, una nube verde se empieza a ver en el domo del auditorio. Como para entonces yo no conocía la mota, el olor me resulta particular y me empiezan ataques de risa.
Al rato se apagan las luces y el Tri como ya sabiendo qué tipo de raza estaba ahí empieza con un blues ponchado y rajamadres. Lora nomás gritaba: ¡mójenla, cabrones! ¡prestaparandarigual! El éxtasis es total, los güeyes se quitan las playeras, las morras se empiezan a encuerar y avientan los bras, aquéllos arriba del escenario tampoco se la acaban, yo estoy en otro planeta, nunca había escuchado música tan nítida, tan dura, la voz del Atizandro entra por el estómago, me dan ganas de guacariar, un güey me da de su toque, ya somos carnales de saliva porque hasta su morra me abraza y me besa, puro carnalismo, bebo cerveza que alguien me regala, brindamos con el Tri, se veía que se estaban diviertiendo porque tocaron más de dos horas.
La raza desprendía butacas y las aventaba, güeyes se aventaban de un piso al otro, en cierto momento la seguridad desaparece del recinto: no pueden con tanto cabrón loco. Lora nos lleva de la mano, me lleva a mí que ya no sé ni qué pedo, ya no sé ni cuánto tiempo pasa, el Tri se despide, ya no pueden tocar más, la raza ya no puede gritar más, yo ya no siento las piernas y me derrumbo. De rato un güey me levanta, ya toda la raza se esta yendo; qué pasó?, a qué hora se acabó?, on toy? 'stuvo con madres, no?, me pregunta con la sonrisa canalla de quien estuvo en el infierno y lo gozó.
Salgo del auditorio sabiendo que ya no sería el mismo desde esa noche, el rocanrol me había dado la bienvenida. Para el Tri fue una tocada más, para mí fue el pricipio de algo que todavía vivo, el asombro no termina, de cierto modo sigo siendo ese chavo de quince años, de cierto modo sigo gozando como esa primera vez, salú.
Descarga de Paulo a las 3:43 p.m. 1 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: conciertos, El Tri
viernes, 17 de octubre de 2008
Una tocada más (primera de dos partes)
damage me
rend my mind
w/your dark slumber
Jim Morrison
Hay momentos que por alguna razón en la vida se te quedan marcados para siempre y de hecho van creando a partir de un suceso lo que va a ser después tu existencia futura. O sea, son las mentadas "primeras veces" de cualquier acto. Recuerdo por ejemplo la primera vez que me fui solo a la escuela (que ya no me acompañó ninguno de mis padres), o la primera vez que salí a una fiesta y la primera borrachera en la misma con brandy Don Pedro, ¡la primera novia! y tus primeras broncas con la misma. Claro que cuando la música es ya parte de tu forma de vida desde esa edad, los encuentros con discos o grupos en vivo te marcan de manera decisiva.
En mi caso el rocanrol ya era desde entrada la adolescencia un amigo muy cercano, aunque todavía no lo encontraba más que como un entetenimiento en fiestas. Imagínense, cuando este que escribe entró en la secundaria el fenómeno "rock en tu idioma" empezaba fuerte y los grupos argentinos, españoles y por ahí uno que otro mexicano empezaban a llenar mi incipiente discografía personal. Incluso acá a Torreón alguna vez llegaron a tocar gente que en sus países ya eran fenómenos de ventas, como los casos de los Hombres G o Soda Stereo, y que cuando vinieron por acá, sólo unos cuantos los conocían realmente. De hecho mi primer concierto en forma fue uno de Soda Stereo en un estadio de béisbol de por acá, al que un buen amigo de toda la vida casi me llevó de la mano, para que conociera a los que habían hecho el disco Doble Vida.
Pero el concierto y el grupo que me revolcó por los caminos eléctricos del rocanrol fue el Tri, ese Tri que todavía no le cantaba a la virgencita de Guadalupe, ese Tri que por ahí de principios de los noventa todavía era el mejor y más grande grupo de rock en México. Ese concierto de principios del 91, al cual fui solo con un boleto que me gané en un concurso radiofónico, fue mi entrada a ese vagón de vagabundos del cual ya no pienso bajar.
A pesar de que, como les comentaba líneas arriba, fue con Soda Stereo con quien conocí el rock de concierto, fue en ese del Tri cuando supe lo que realmente era vivir de lleno un concierto. Les explico: para empezar, el concierto fue en un lugar cerrado, algo así como un Palacio de los Deportes pero con capacidad para solo tres mil personas; o sea, el lugar tiene un domo. El Tri tenía entonces alrededor de 10 años sin pararse por estas tierras y su presencia convocó esa noche alrededor de cinco mil pelafustanes, unos con boleto y otros sin boleto, que le daban vuelta al domo como dos veces.
Los organizadores tenían como seguridad del domo a unos policías que eran conocidos entonces como "rangers", policías ejidales que no se andaban con mamadas y a la primera provocación te aventaban unos perros muy cabrones que traían, y cuando los perros estaban ocupados corriendo tras un greñudo tenían unos fuetes que dejaban bonitas marcas en las piernas del personal que no se ponía derechito en la fila. Claro que esto a la larga enervó a los greñudos y como media hora antes del concierto ya se había intentado el portazo, solamente quebraron vidrios del inmueble y uno que otro fan del Tri resultó con mordidas leves y fuetazos en el lomo y las piernas.
El ambiente era tenso en verdad, de hecho estuvo a punto de suspenderse el toquín, nada más que los que lo organizaban sabían que si lo suspendían los locos iban a quemar el establecimiento, como casi ocurrió ya cuando estábamos en pleno concierto. La cosa se ponía cada vez mejor, y eso que Lora todavía no subía al escenario a gritarle a sus "niñitos".
Descarga de Paulo a las 12:08 p.m. 1 cuadros de papel higiénico
Etiquetas: conciertos, El Tri
