Mostrando las entradas con la etiqueta Música para viajar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Música para viajar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de diciembre de 2008

L. A. Woman

L.A. WOMAN / THE DOORS



To have just been born
for beauty and see sadness
what is this frail sickness?


Jim Morrison



Arrastra los pies, ha viajado ya al desierto y tiene arena en las botas, trae entre sus brazos un pequeño lagarto, viejo como el mundo pero de ojos indiferentes ante lo que ve. Entra al estudio de grabación dejando restos de arena en la duela, se sienta en la taza del baño y suelta al lagarto que parecía petrificado entre sus brazos y que cobra vida en cuanto lo suelta. Mira su desaliñada barba y sus ropas: pareciera que estuvo cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, está hecha girones.

Mira el micrófono y sonríe, pareciera que está a punto de decir algo gracioso a sus compañeros de grupo que sólo lo ven de reojo, pero calla, acomoda la ropa y se quita las botas. Pide a Bruce Botnick que le acomode el micro en el baño para crear una especie de eco, que es una repetición de su voz dañada. Quiere irse de ahí pero hoy es el último día de grabaciones. Trae la letra de una canción nueva, saca de una bolsa de su pantalón un papel arrugado y lleno de arena que contiene Riders on the Storm.

El lagarto se pasea nervioso entre los cables de los instrumentos, todos miran con asco al animal que se posa sobre una bocina y levanta la vista hacia donde está el cantante, como esperando una señal; pareciera que todo él es de arena y está a punto de desmoronarse y salir volando con la brisa que entra a donde él está, pareciera que todos saben esto y contiene la respiración. Ya sólo falta su voz para terminar este disco que a todos ha resultado liberador, un disco de blues, piensa él, lo cual lo hace sentir bien, un disco donde se despide de Los Angeles y de Estados Unidos, nación hipócrita que ya no tolera.

Siente el cansancio de los años en su cuerpo y en su voz a pesar de que no ha cumplido ni 27. Se abre el micrófono y a una señal de su ingeniero va soltando las frases como una revelación:

Riders on the storm
Riders on the storm
Into this house we're born
Into this world we're thrown
Like a dog without a bone
An actor out alone
Riders on the storm

Después que termina la canción, el lagarto se baja de la bocina y sale del estudio; va rumbo al desierto a contar lo que ha oído. El cantante ha contado los secretos de las criaturas de sangre fría. Pareciera que no se lo van a perdonar.

jueves, 7 de agosto de 2008

Desenchufado

DESENCHUFADO
Jaime López



Bordando la frontera, ahí donde la herida aún sangra por los cuerpos de quien pretende cruzar pa'l otro lado, existe la música que como un huracán o terregal, si se quiere, te llena de polvo el alma y te hace ver que la vida en el norte no es fácil, que los cuerpos se secan si no cantan la canción del desierto, que hay que tener esa voz para llamarlo por sus formas seductoras, llamarlo por su nombre, hacer su música, música para pedir el aventón a orillas de las carreteras donde los cactus se ríen de tu sed ergidos como guerreros, por donde pasa el tren que ya no va para ningún lado, tren que ya no espera nadie pero donde arriba de los vagones va el ritmo que la guitarra atrapa para hablar del camino de los vagos que llevan en su ropa la experiencia de varias vidas porque ya lo vieron todo en el camino, que ya no sabes si el camino estaba ahí o tú lo vas haciendo, si los rieles desaparecen con cada metro recorrido o si es la voz la que abre el día o la noche hacia un lugar sin nombre, lugar a donde ya nadie va, pero donde sabes te están esperando. La voz que tiene que ser como el desierto pide, voz de sotol, voz de aguardiente, voz constelación lunar, voz que saca agua de las piedras, como la canción con la que te entierran en una tormenta de arena, voz de caminos sin camino, donde pocos se atreven a dejarse iluminar por el sol nocturno que los que lo han podido ver llegan cambiados en otra piel, la piel cálida del desierto del norte.

miércoles, 4 de junio de 2008

El fuego de la noche

EL FUEGO DE LA NOCHE
La Barranca






El desierto sólo puede cobijar a los valientes, el desierto es un lugar duro para quien no lleva piel de reptil, para quien no ve en su vientre duro y seco a una madre tierna que no te sabe alimentar si no le das su sangre.

EL FUEGO DE LA NOCHE es un disco para el desierto, es música para cantarla entre cactáceas, mientras vemos en la carretera fantasmas de arena saltando entre las sombras de la tarde seca, de las noches donde puedes tocar las estrellas, alimentarte de ellas, reflejo de fogatas donde el fuego recuerda cuerpos ardiendo, donde el fuego es tu cuerpo expuesto a la boca de la serpiente, al piquete del alacrán, a la sed que no se cura nunca. Donde las madrugadas duran lo que una charla entre mezcales, entre luciérnagas que van de mano en mano hablándote de los otros mundos que habitan entre la arena de este lugar.

Las noches en este desierto te hacen alucinar al amor que se convierte en un espejismo, puedes recorrerlo todo y cada vez que lo caminas es otro, nunca el mismo, este desierto está vivo y se alimenta de ti. Por eso se necesita tener fe y llegar al final siguendo su luz, rompiendo el silencio de la oscuridad, caminarlo descalzo para sentir su caricia, porque una vez que entras en él ya no puedes salir, porque es necesario saber soñar para sobrevivir...