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domingo, 18 de enero de 2009

La vida en La Barranca



La primera vez que escuche hablar de La Barranca fue en una reseña de su disco debut El fuego de la noche, hablaban de éste como uno de los mejores de ese año, 1996. Como en ese entonces acá en Torreón no teníamos un Mix Up o cosa que se le pareciera, le pedí a un amigo que viajó al DF que me consiguiera ese material. Me lo trajo en cassette. Desde la primera vez que lo escuché sentí un escalofrío, que es la manera irrefutable de sentir el verdadero arte. Además el nombre del grupo me pareció genial: una barranca, una herida, un abismo.

Desde entonces La Barranca se convirtió en uno de esos grupos a celebrar, a seguir. Cada disco, con sus diferentes alineaciones, es la manifestación palpable de que en el rock mexicano se pueden hacer discos de calidad, sin caer en la celebración infantiloide propia de la mayoría de los materiales de nuestro pobre rock. La Barranca desde el principio se desmarcó del facilismo y nos entregó verdadero rock mexicano, sin clichés ni vestimentas autóctonas; con profundo entendimiento de nuestra música ha logrado imprimir en cada placa el sentimiento de nuestro mundo, el mundo mágico de un país con profundas raíces del conocimiento del cosmos y de la naturaleza, de un rico universo interior.

Cuando supe que el escritor David Cortés había sacado un libro sobre el grupo me dio un enorme gusto, por varias razones. La primera es que sobre el rock mexicano casi no existe material de este tipo, o sea, pocos escritores se han dado a la tarea de dejar un testimonio bibliográfico sobre un grupo o algún cantante de la escena rockera en México, si acaso el inconseguible ensayo de Xavier Velasco sobre Caifanes (Una banda nombrada Caifanes), o el deplorable cebollazo de Arturo Castelazo sobre Alejandro Lora (Lora, vida y rocanrol) habían intentado de alguna manera dejar huella escrita del paso de dichos músicos, cosa que en otros países, como digamos España, existe más material de músicos de rock, tanto españoles como ingleses o norteamericanos.

Lo otro que celebro del libro de Cortés es que trata sobre uno de los mejores grupos mexicanos, y la vida y la obra de un personaje como lo es Jose Manuel Aguilera, músico que no ha sido valorado en su real dimensión, guitarrista exepcional y dicho sea de paso una gran persona.

La vida en La Barranca de David Cortés no se parece a ninguno de los libros que señalo líneas arriba. El escritor se echa un clavado gozoso en la música y la lírica de la banda, la desmenuza, la desnuda, nos da un mapa sobre sus discos y sus signos. Al terminar de leer su muy particular modo de escuchar cada canción, cada disco de La Barranca, dan ganas de volver a escucharlo con los oídos que nos presta David; cerramos los ojos y nos dejamos ir, volvemos a la raíz de la música y a su sentimiento primigenio, lo volvemos a tocar con otros dedos, lo olemos de modo distinto y lo disfrutamos más. Ése es el mejor logro de este libro de Cortés, no dejen de leerlo y recomendarlo. Su esfuerzo debería ser imitado para que el rock mexicano algún día pueda considerarse no sólo para que se exhiba en las virtinas de las tiendas de música, sino también en las librerías. Felicidades a David Cortés.




Cortés, David. La vida en La Barranca. Ediciones Stella, 2007.

miércoles, 19 de marzo de 2008

El arte de arrojarse al vacío y no morir en el intento

En su libro Relatos de poder Carlos Castaneda cuenta como en la última prueba, para llegar a ser un hombre de conocimiento, Don Juan lo hace saltar junto con sus dos discípulos al fondo de una barranca, los hace saltar como un acto de fe del guerrero.

Al ir cayendo los tres, sus cuerpos se desintegran y cada una de sus partículas tenían conciencia en sí misma y en su relación con los demás, en fracción de segundos y mientras caíian pudieron ver como Don Juan se desvanece; todo esto lo recordaba mientras escuchaba el nuevo disco de La Barranca, PROVIDENCIA, dado que el significado de esta palabra es esa: disposición que se toma ante un lance / adoptar una determinación.

Creo que no hay mejor nombre para este disco, dado el contexto histórico en el que fue hecho: desde la separación de los que anteriormente acompañaban a José Manuel Aguilera, como el hecho de que se encuentra con sus dos acompañantes del principio de ese viaje llamado La Barranca, tanto Federico Fong como André vuelven a darle el toque a un sonido que regresa por sus fueros, como una unidad que nunca se fue y en el camino se hizo mas fuerte.

Este disco para mi punto de vista es un disco de rompimiento y búsqueda, Aguilera busca y a veces consigue darle vuelta a su historia dentro del rock haciendo cosas que en sus otros discos no se le oyen hacer, como el modo de cantar y de interpretar algunas de las piezas de este disco, así como la forma de hacer las canciones que se nota, le trata de dar un toque con la fuerza de un trío de viejos lobos que ya saben de que lado masca la iguana, dándose impulso sin que en realidad ninguno sobresalga de los demás: un disco de unidad. Un disco de reencuentro y un salto al vacío en busca de nuevas formas, aunque las canciones de manufactura cien por ciento barranqueña sean las que logran más fuerza dentro del disco, tal es el caso de esa extraordinaria canción que es Corcel, canción que galopa materialmente con los bajos de Fong, donde uno puede "ver" la canción en un fenómeno extraordinario de percepción. También resaltan Gracia plena, Malecón y San Miguel, con esa belleza de lo simple y con un letra extraordinaria.

Se agradece siempre a José Manuel este tipo de discos, maduros, de búsqueda y que siempre tenga el impulso para saltar al vacío y no morir en el intento, es más: siempre vuelve más sabio y más comprometido con su gente y con su arte.

Escuchen PROVIDENCIA y arrójense sin miedo.


lunes, 29 de octubre de 2007

Amy Winehouse: Back to black.

Sabemos que la industria del disco en Estados Unidos está y ha estado desde hace tiempo confinado en la mierda de lo que dicta Mtv, que cuando ellos hablan de música "negra" van inmediatamente a escuchar a grupos de rap o hip hop, y por eso me da un gusto enorme que Amy sea británica, en el gabacho le hubiera resultado difícil salir de los clubs de soul o antros de jazz.

Como el título del disco lo dice este es un volver a lo negro, al maravilloso soul que desde los tiempos de Aretha Franklin yo personalmente no escuchaba tan bien, ni con tanto sentimiento, ni con una voz tan privilegiada en alguien de su figura física. Parece la Amy una Hommy californiana, parece Amy una ninfa con tatuajes de hombre, es Amy una cantante grandiosa.

Este disco huele a alcohol sin arrepentimento, es triste y dulce, es el amor fallido el que hace que sea de una extraña luz nocturna, es ella misma desnuda y en plenitud a pesar de que se escucha su estado de ebriedad a lo largo del disco, ademas Rehab es una canción para acompañar a los caídos que disfrutamos de los excesos, un discazo.

They tried to make me go to rehab, but I said no, no, no.